El Colegio Médico y la SUEO analizan la neurobiología de la obesidad y el impacto del “Food Noise”
El Colegio Médico del Uruguay (CMU) y la Sociedad Uruguaya para el Estudio de la Obesidad (SUEO) llevaron a cabo una sesión académica titulada “Neurobiología de la conducta alimentaria en la obesidad: el papel del food noise”. La actividad, que contó con una amplia convocatoria de profesionales, fue liderada por la Lic. Cecilia Vico, experta en Psicopatología de la Nutrición y Neurociencia de la Conducta Alimentaria.
Durante la jornada, se enfatizó que la obesidad debe abordarse como una enfermedad crónica y compleja, alejándose de la visión simplista de la “falta de voluntad” para centrarse en una desregulación neurobiológica sistémica que afecta la toma de decisiones y el control de los impulsos.
¿Qué es el “Food Noise”? Un fenómeno más allá del hambre fisiológica
Uno de los ejes centrales fue la definición del “food noise” (ruido alimentario), un concepto que ha cobrado relevancia científica recientemente. Se describe como pensamientos persistentes, intrusivos y no deseados sobre la comida que generan una carga cognitiva agotadora para el paciente.
A diferencia del hambre fisiológica, este “ruido mental” se manifiesta como una rumiación constante sobre la planificación de comidas, el cálculo de calorías o la logística alimentaria, provocando angustia y sentimientos de culpa. La Lic. Vico explicó que este fenómeno afecta a aproximadamente el 55% de los pacientes con obesidad, representando una manifestación clínica de un sistema neurobiológico alterado y no una falla ética del individuo.
Neuroinflamación y la orquesta de la conducta alimentaria
Desde la perspectiva de las neurociencias, la conducta alimentaria es el resultado de una integración compleja de cuatro sistemas: homeostático, hedónico, emocional y cognitivo. En un cerebro con obesidad, este equilibrio se rompe debido a una neuroinflamación de bajo grado y a la resistencia a hormonas clave como la leptina e insulina.
Esta alteración provoca una hiperactivación del sistema de recompensa (deseo intenso) y una falla en el control inhibitorio de la corteza prefrontal, lo que dificulta enormemente que el paciente pueda frenar la conducta de ingesta. El modelo expuesto subraya cómo un entorno “obesogénico”, sumado al estrés y la falta de sueño, potencia este ciclo desadaptativo.
Avances terapéuticos: El “silencio mental” de los análogos de GLP-1
La sesión también abordó el impacto de los nuevos fármacos, como los análogos de GLP-1 (semaglutida y tirzepatida), que han demostrado una capacidad inédita para “silenciar” el ruido alimentario. Al actuar directamente sobre los centros de saciedad y recompensa en el cerebro, estos tratamientos permiten que el paciente recupere el control cognitivo, aliviando la carga mental que décadas de intervenciones convencionales no habían logrado mitigar en muchos casos.
No obstante, se destacó la importancia de un abordaje interdisciplinario y personalizado, que incluya estrategias de nutrición de precisión, manejo del estrés y validación clínica de la experiencia del paciente para evitar la recidiva de la enfermedad.
Compromiso con la investigación nacional
Al cierre de la actividad, se recordó a la comunidad médica la importancia de participar en la encuesta nacional sobre la percepción de la obesidad, una iniciativa que busca recabar datos sobre la experiencia en la atención sanitaria y la realidad de vivir con esta patología en Uruguay. La SUEO instó a los profesionales a colaborar con esta herramienta para fortalecer las políticas de salud basadas en evidencia local.
La charla completa permanece disponible en el canal de YouTube del Colegio Médico del Uruguay para su consulta técnica.
